jueves, 18 de octubre de 2012

¿Y...CÓMO RENZO SI PUEDE?





Una mañana, en una tienda comercial en la ciudad de Trujillo…

Renzo, Renzo!!! era la voz de una mujer joven llamando a su hijo, el pequeño voltea con un rostro feliz la mira y ella con ternura en los ojos le dice: hijito, ten cuidado, no te vayas a golpear, el niño sin mayor atención se vuelve y se tira por el piso brilloso que invitaba a resbalarse. Tiempo de disfrutar de la niñez y su primer alimento, el juego, con la libertad de la inocencia...me sonreí y volví a lo mío, pero por muy poco tiempo, otra vez la misma voz gritaba: Fernanda, Fernanda!!!, me vuelvo y veo unos ojos inyectados cuyos rayos de fuego me dirigían al objeto de su ira, era una niña, la hermanita de Renzo...sus ojos asustados, su rostro y cuerpo intimidado, me inspiraron solidaridad. De pronto como un imán los ojos de su madre la atraían casi sin darse cuenta...llega junto a ella y la madre le dice: ¡Te dije que no juegues así!, pero mami...y con una mirada tímida pero desafiante inquirió: ¿y cómo Renzo si puede?.
La madre, era joven, alta, de pelo castaño claro, modernamente vestida, claro, era de este siglo... empecé a divagar en una serie de pensamientos, lo que me gustaría decirle a la madre, lo que quería decirle a Fernanda, me revelaba ante esa actitud, además yo también quería hacer lo que hacía Renzo, yo habría hecho lo mismo que Fernanda, pero... cuando niña mi mamá no me llevaba a esos lugares y seguro también no me lo habría permitido. De pronto la joven mujer, soltó unas horrible palabras: ¡ES QUE ÉL ES HOMBRE!!!! sentí un mareo, cada palabra tenía la fuerza de un huracán, la violencia laceró mis oídos, arrastrándome con crueldad por el túnel del tiempo, me lastimó esa afirmación y toda la carga emocional que transmitía me hizo temblar...y yo, soy una mujer del siglo pasado, en cambio esa joven madre era...era...hija de… de una cultura que castra a las niñas, o quizás fruto de sus circunstancias. En eso Fernanda me miró, era mi oportunidad, yo le sonreí, en silencio le dije ¡se feliz! la madre la tomó de la mano y llamó a su hijo: Rencito vamos ya, otro día juegas...y caminaron hacia la salida...Fernanda antes de salir volvió su mirada, mis ojos la esperaban, me sonrió con ternura, con libertad… Ah! suspiré, felizmente fue capaz de decir: ¿Y cómo Renzo si puede? con eso me quedé...
 Cela Talavera García

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