Una mañana, en una tienda
comercial en la ciudad de Trujillo…
Renzo, Renzo!!! era la voz de una
mujer joven llamando a su hijo, el pequeño voltea con un rostro feliz la mira
y ella con ternura en los ojos le dice: hijito, ten cuidado, no te vayas a
golpear, el niño sin mayor atención se vuelve y se tira por el piso brilloso
que invitaba a resbalarse. Tiempo de disfrutar de la niñez y su primer alimento, el
juego, con la libertad de la inocencia...me sonreí y volví a lo mío, pero por muy
poco tiempo, otra vez la misma voz gritaba: Fernanda, Fernanda!!!, me vuelvo y
veo unos ojos inyectados cuyos rayos de fuego me dirigían al objeto de su ira,
era una niña, la hermanita de Renzo...sus ojos asustados, su rostro y cuerpo
intimidado, me inspiraron solidaridad. De pronto como un imán los ojos de su
madre la atraían casi sin darse cuenta...llega junto a ella y la madre le dice:
¡Te dije que no juegues así!, pero mami...y con una mirada tímida pero
desafiante inquirió: ¿y cómo Renzo si puede?.
La madre, era joven, alta, de
pelo castaño claro, modernamente vestida, claro, era de este siglo... empecé a divagar
en una serie de pensamientos, lo que me gustaría decirle a la madre, lo que
quería decirle a Fernanda, me revelaba ante esa actitud, además yo también
quería hacer lo que hacía Renzo, yo habría hecho lo mismo que Fernanda, pero...
cuando niña mi mamá no me llevaba a esos lugares y seguro también no me lo habría permitido. De pronto la joven mujer,
soltó unas horrible palabras: ¡ES QUE ÉL ES HOMBRE!!!! sentí un mareo, cada
palabra tenía la fuerza de un huracán, la violencia laceró mis oídos,
arrastrándome con crueldad por el túnel del tiempo, me lastimó esa afirmación y
toda la carga emocional que transmitía me hizo temblar...y yo, soy una mujer del
siglo pasado, en cambio esa joven madre era...era...hija de… de una cultura que castra a
las niñas, o quizás fruto de sus circunstancias. En eso Fernanda me miró,
era mi oportunidad, yo le sonreí, en silencio le dije ¡se feliz! la madre la
tomó de la mano y llamó a su hijo: Rencito vamos ya, otro día juegas...y
caminaron hacia la salida...Fernanda antes de salir volvió su mirada, mis ojos la esperaban, me
sonrió con ternura, con libertad… Ah! suspiré, felizmente fue capaz de decir:
¿Y cómo Renzo si puede? con eso me quedé...
Cela Talavera García

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